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Empleo en la industria editorial sufre una ligera baja

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El aumento en los costos de producción y los sismos del año pasado han afectado a las ventas en la industria editorial y a su vez, este descenso ha repercutido en el empleo, que ha disminuido un 3.1 por ciento. Almadía y Penguin Random House, dos editoriales de tamaños opuestos, explican cuáles son sus estrategias en materia laboral.

La industria editorial mexicana está estancada, sostiene Carlos Anaya Rosique, presidente de la patronal de ese sector. Las ventas de 2017, casi 136 millones de ejemplares, son las menores en los últimos cinco años, periodo en el que se han dejado de comercializar 11 millones de libros.

En entrevista con Factor Capital Humano, el líder de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem) achaca los descensos en ventas al incremento en el precio del dólar, los sismos de septiembre 2017 y al panorama social, como la violencia en el país.

Guillermo Quijas-Corzo López, fundador de la editorial independiente Almadía, coincide con el presidente de la Caniem en los sismos del año pasado como una de las causas, pero apunta que para mejorar el panorama habrá que fortalecer todo el proceso de edición, lo cual incluye cuidar a los colaboradores.

Por su parte, Ivonne González López, coordinadora de Nómina y Compensaciones de Penguin Random House, afirma: “la mayoría de las editoriales se enfoca en los autores o en los clientes, y no ve al capital humano de la empresa”.

Menos lectores

La industria editorial en México facturó en el último año 10,125 millones de pesos, a pesar de que de 2015 a 2018 disminuyó la población lectora en el país. Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), hace tres años, de cada 100 personas mayores de edad, 50 declararon haber leído al menos un libro. En 2018,  esta cifra bajó a 45.

Datos de la Caniem indican que en 2017 se abrieron 1.6 por ciento menos plazas de base que en 2016. Los trabajadores eventuales encontraron hasta 13 por ciento menos lugares. Y en el caso de los freelance, o independientes, el descenso fue de 4.3 por ciento.

En México, la industria editorial cuenta con 7,350 colaboradores de base, 4,267 trabajadores independientes y 516 eventuales, “sin contar a los 3,500 autores”. Para Anaya Rosique, la caída en el número de puestos de trabajo del 3.1 por ciento “no ha sido tan grande”.

La edición de Libros de Texto Gratuitos que distribuye la Secretaría de Educación Pública a alumnos de educación básica ha dado empleo a más de 350 autores y 2,500 trabajadores de otras áreas, como edición o corrección. Según Anaya Rosique,  ellos “han ayudado a que el declive no sea tan grave”.

El derrumbe de las ventas

Los sismos del año pasado frustraron varios proyectos de comercialización y estropearon las ventas en librerías, principalmente de la Ciudad de México, “que es el gran espacio para ofertar los libros”, comenta Carlos Anaya. Muchas empresas están en un momento de recomposición después del del terremoto, agrega.

“Este 2018 ha sido particularmente complejo”, cuenta Guillermo Quijas-Corzo López, de la editorial Almadia,  a causa de los terremotos del 7 y del 19 de septiembre de 2017. Con más de 65 mil viviendas dañadas, pocos querían o podían comprar un libro.

Por ese motivo este año Almadía dejó de publicar por tres meses, y en el último trimestre de 2017 “salieron  un poco de golpe todas las ediciones”, 20 en total.  Penguin Random House saca un promedio de 700 títutoles anuales.

Almadía y Penguin Random House

Almadía fue fundada en Oaxaca por Quijas-Corzo en 2005 y sigue siendo una editorial independiente. La multinacional Penguin Random House, como ahora se le conoce, nació  en 2013 por la fusión de las editoriales del grupo británico Pearson y del alemán Bertelsmann.

Penguin Random House controla más de 250 sellos, entre ellos, Grijalbo, Plaza y Janés, Rosa del Vents, Sudamericana y, las más recientes, Santillana y Ediciones B.

La organización oaxaqueña cuenta con 15 empleados, mientras que Penguin Random House  tiene 204 y planea cerrar el año con 211. Varias de las posiciones vacantes están en el área editorial, donde los redactores ganan 17,000 pesos mensuales.  Más prestaciones, su salario mensual  “llega a 21,000”, informa Ivonne González, coordinadora de Nómina y Compensaciones.

Para los editores hay rangos. El junior cobra entre 20 y 25,000 pesos al mes, y el senior tiene una remuneración de entre 35 y 50,000, “dependiendo su experiencia”.

Rotación joven

En Almadía no tienen medido el porcentaje de rotación, pero Quijas-Corzo sabe que “varias personas” han pasado por esa editorial. En Penguin Random House es de 20 por ciento al año.  En El área de redacción, donde laboran jóvenes de entre 24 y 28 años que “constantemente están buscando otras experiencias”, es donde hay más movimiento. Le siguen los departamentos de marketing y digital. Hace dos años el porcentaje de rotación era de 36 por ciento. “Hablando con consultores hemos sabido que es normal que en puestos donde hay muchos jóvenes exista tanto cambio”, asegura González López.

Para retener a los colaboradores se pueden implementar sofisticadas estrategias laborales u ofrecer un buen salario, “pero la cercanía, hacerlos partícipes de la construcción del proyecto es lo que más pesa”, considera Guillermo Quijas-Corzo, “permitir que propongan, se equivoquen y lo vuelvan a intentar”.

En Penguin Random House, gracias a las encuestas de salida que se hacen a las personas que dejan la empresas, saben que los empleados quieren disponer más de su tiempo. Por esa razón, la editorial están articulando una política de flexibilidad de horario, parecida a la que tiene en la filial de España, donde más que con las horas cumplidas en oficina se les evalúa con su desempeño.

“Quizá acá podrían trabajar desde casa dos días a la semana”. El problema, considera, es que, por ejemplo, quienes laboran en el centro de distribución no pueden trabajar bajo ese esquema. “Aún estamos analizando esta política, queremos ser equitativos y beneficiar a todos”.

Capacitación y atracción de talento

“El coco de todas las empresas” es conseguir y preparar al personal necesario, “y en un negocio como éste hay que batallar” para que los colaboradores comprendan que su labor es para una compañía pequeña, “pero con alcance social, además de comercial”, apunta Guillermo Quijas-Corzo.

Penguin Random House destina unos 2 millones de pesos anuales a capacitación, la cual depende de las necesidades de cada área, “por lo general es para que aprendan inglés”, señala Ivonne González. El 40 por ciento de los empleados tiene bachillerato, carrera trunca o estudios técnicos, otro 40 por ciento cursó una licenciatura y 20, una maestría.

Las vacantes que les resultan más difíciles de llenar son las de los editores,porque suelen “casarse con la empresa en la que trabajan y muy pocos cambian de organización”.

Cuando abren una nueva plaza no exigen un límite de edad, “hemos contratado a personas de 50, 55 años”. Ivonne González considera que los sueldos que la editorial ofrece son competitivos, o si acaso 7 por ciento debajo del mercado y las prestaciones como vales de despensa, comida, fondo de ahorro, prima y seguro gastos médicos mayores “hacen aún más atractiva a esta organización para atraer talento”, asegura.

Hola, mucho gusto. Estás despedido

Ivonne González llegó hace 14 años a ese grupo editorial en el departamento de Cuentas por pagar. Estaba contratada vía outsourcing, esquema que ya no existe en esa empresa, “era feo ver que otros compañeros tenían prestaciones y nosotros no”, recuerda.  Unos  años más tarde, ya con una plaza dentro de la editorial, le tocó abrir el área de Recursos Humanos. En todo ese tiempo, una de sus experiencias más difíciles, relata, es despedir a los colaboradores.

En 2014 Penguin Random House compró a Santillana Ediciones Generales, que incluía a sellos como Alfaguara y Taurus,  y en 2017 adquirió Ediciones B. Las fusiones implicaron la desvinculación de la mayor parte de los colaboradores de las editoriales absorbidas.

Algunos fueron entrevistados por directivos de Penguin Random House para conocer sus perfiles y, si había un lugar disponible, recontratarlos sin que perdieran su antigüedad. De Santillana se quedaron 20 personas y de Ediciones B, ocho.

A quienes no podían conservar había que darles la noticia: “Salía con una sensación fea, era la primera vez que los veía y era para avisarles que no les podíamos dar una oportunidad. Fue como decirles: ‘Hola, mucho gusto en conocerte, pero no te puedo contratar’”.

Por otro lado, con quienes se quedaron iniciaron un proceso de adaptación. A los colaboradores de casa les pidieron ayudar a los nuevos a integrarse; y a los jefes, que entendieran que es un proceso que puede tardar hasta dos años para ver resultados.

Reclutando autores

La política editorial de Almadía es publicar la obra del autor, eso significa editar el siguiente libro que escriba o que en algún momento sacarán una revisión de lo que creó antes. “Eso es importante para escoger a los autores”.

Otro criterio es que logren entablar “una relación cercana, que seamos amigos, eso es importante para entendernos en el proceso editorial, que es complejo”.

El reclutamiento del autor tiene diferentes dinámicas:  “lo vamos a buscar, vienen a la Feria Internacional del Libro de Oaxaca, o a las del interior del país o del extranjero”. Pero así ocurre cada vez menos. A diferencia de hace 13 años, cuando tenían que ir a buscarlos, ahora las obras les llegan casi solas.

Sin embargo, una editorial se rige, sobre todo, por lo que no publica. “Nos han llegado cosas muy buenas, pero tenemos en cola un plan editorial de 20 o 30 libros”, no les alcanzaría ni el dinero ni el equipo para distribuirlo o promocionarlo. “Es cuando tienes que escoger entre la obra y tus posibilidades”.