• Martes , 4 julio 2017

Hasta cinco fuentes alertaron de que Salman Abedi era peligroso

Las informaciones que se acumulan van haciendo cada vez más nítido un fallo clamoroso de los servicios policiales y de inteligencia británicos a la hora de controlar a Salman Abedi. Hubo alertas de hasta cinco fuentes distintas sobre el peligro que suponía el joven extremista de ancestros libios, de 22 años, que a las 22.30 del lunes hizo explotar en la salida del Manchester Arena una bomba que dejó 22 muertos y 64 heridos, muchos de ellos niños y jóvenes, asistentes al concierto de la ídolo juvenil estadounidense Ariana Grande.

Mientras tanto, el Gobierno británico se ha enzarzado en una polémica con los servicios de inteligencia estadounidenses, a los que acusa de filtrar información a los medios entorpeciendo las investigaciones. Algunos oficiales británicos se declaran «furiosos». La Policía del Gran Mánchester ha anunciado que no facilitará más datos a sus pares estadounidenses. May verá hoy a Trump en la cumbre de la OTAN en Bruselas y se cree que le trasladará una queja.

La polémica con las agencias estadounidenses opaca esta mañana el gran tema: ¿actuaron bien las fuerzas de seguridad británicas ante el evidente problema que suponía Salman Abedi?.

«Sabemos que [Abedi] era conocido hasta cierto punto por los servicios de inteligencia», reconoció el miércoles Amber Rudd, la ministra de Interior. Pero ahora se destapa con más detalle que la cadena de alerta no funcionó, como ya ocurrió con Khalid Masood, el terrorista del ataque de Westminster de hace dos meses, que había sido fichado en su día por el MI5, el servicio de inteligencia británico, pero que luego se desentendió de él.

No solo no se le controló, sino que además viajaba sin mayores problemas. Fuentes alemanas señalan esta mañana en la revista «Focus» que el terrorista estuvo en Düsseldorf solo cuatro días antes de cometer el atentado y que en los últimos dos años viajó al menos dos veces a Alemania. En 2015 voló de Fráncfort al Reino Unido y se especula que podía proceder de un campamento paramilitar en Siria. Se sabe también que pasó un tiempo en Trípoli, ciudad de residencia ahora de su familia, y de donde habría regresado al Reino Unido hace solo un par de semanas. Las fuerzas de seguridad alemanas investigan la posible relación de Abedi con células locales. La red de apoyo con que contó el suicida va tomando forma. Por ejemplo, fuentes estadounidenses señalan que la bomba que hizo estallar provocando una matanza de jóvenes guarda similitudes con la empleada en el ataque del metro de Bruselas.

Salman Abedi era un notorio extremista que llamaba la atención hasta el su barrio del Sur de Mánchester, que ha sido cantera de varios jóvenes británicos que se sumaron a las filas del Daesh en Siria e Irak. A veces cantaba oraciones coránicas a viva voz por las calles, vestido al modo tradicional islámico, y había comentado a sus allegados que «ser un suicida con una bomba está bien». También emerge que había conocido a Raphael Hostely, que reclutó a varios jóvenes de la zona para el Daesh y el año pasado fue abatido por un dron en Siria.

«No me lo creía»

Además su padre, Ramadan Abedi, que llegó como refugiado al Reino Unido en los noventa huyendo del régimen de Gadafi, mantenía relación con el Grupo Libio de Lucha Islámica, una facción prohibida en Gran Bretaña. Ramadan, que había retornado a Trípoli y vive allí, fue detenido este miércoles en la capital libia, cuando estaba concediendo una entrevista exculpatoria de su hijo. «Al ver las noticias me sentí realmente conmocionado. No me lo creía. Él siempre estaba contra esos ataques y decía que había justificación religiosa para ellos. No entiendo como se ha visto envuelto en un atentado que mató a niños».

El padre del terrorista y su mujer estaban considerados entre la comunidad libia de Mánchester como unas personas muy pías y pacíficas. Algunas fuentes relacionan ahora a Ramadan Abedi, el progenitor, con grupos del Daesh en Libia. Además el hermano pequeño, Hishman, de 20 años, también ha sido arrestado en Trípoli. Se cree que conocía el plan del Mánchester Arena y que mantenía relaciones con el Daesh. En su cuenta de Facebook aparece en una foto armado con un fusil de gran tamaño. El hermano mayor, Ismael, de 23 años, fue detenido en la noche del martes en Mánchester. Los tres tienen también una hermana.

Sin embargo, algunas personas próximas a la familia en Libia aseguran que los padres que intentaron corregir la deriva radical de su hijo, obligándolo a trasladarse a vivir con ellos en Trípoli. Su padre le retiró su pasaporte, para que no volviese al Reino Unido. Pero su madre se lo devolvió cuando pretextó que quería peregrinar a la Meca, excusa que aprovechó para retornar a Mánchester.

Salman es descrito por sus amigos de la infancia como un niño aficionado al críquet e hincha del Manchester United. Posteriormente tuvo una etapa de pandillero, antes de su conversión religiosa. Intentó estudiar un grado de empresariales en la Universidad de Salford, pero lo dejó hace dos años. Sus conocidos hablan de un muchacho muy crédulo, bromista, pero que tenía un carácter irascible, «saltaba a la mínima».

Cinco fuentes alertaron sobre él a los servicios de seguridad británicos, según se ha sabido ya. Mohamed Shafiq, de la Fundación Ramadán, ha contado al «Daily Telegraph» que «la gente de la comunidad estaba preocupada por cómo se comportaba y avisó por los canales correctos, pero desde entonces no oyeron nada».

Dos amigos del joven llamaron por teléfono a la «línea caliente antiterrorista», la primera vez hace cinco años y la segunda el año pasado (en ambas la ministra de Interior era Theresa May). «Estaban preocupados porque Salman estaba apoyando el terrorismo y decía que ser un bombardero suicida estaba bien», señalan fuentes próximas a los denunciantes.

Enfado por un sermón contra el Daesh

Akram Ramadan, de 49 años, uno de los portavoces de la comunidad libia en Mánchester, ha contado que Salman se enojó con el imán de la controvertida mezquita de Dibsbury porque el clérigo hizo un sermón en el que condenó al Daesh. Según su testimonio, responsables de la mezquita contactaron con personal de Prevent, el plan anti extremismo islámico del Gobierno, para dar aviso sobre Salman.

Por último, según fuentes de la inteligencia estadounidense un miembro de la propia familia Abedi contactó con la policía para contarles la deriva del joven. Ninguno de los avisos sirvió para que se vigilase a Salman Abedi.

El Gobierno británico mientras tanto distrae al público del debate sobre sus fallos de seguridad con una polémica con los servicios de inteligencia estadounidenses, a los que acusan de haber entorpecido su investigación con dos filtraciones a la prensa que «la han comprometido». Fuentes del Ejecutivo inglés han comentado que sus oficiales están «furiosos por una filtración inaceptable» y se cree que Theresa May podría trasladar hoy mismo una queja a Donald Trump, pues ambos van a verse en la cumbre de la OTAN en Bruselas.

La primera filtración ocurrió el martes. Los servicios secretos británicos y su policía conocían la identidad de Salman Abedi, pero trataron de salvaguardarla unas horas para no alertar a sus posibles cooperantes. Pero las cadenas de televisión estadounidenses CBS y NBC rompieron el embargo y anunciaron el nombre del suicida. El Gobierno británico cree que las filtraciones proceden de los servicios americanos, pero no de la Casa Blanca.

La ministra del Interior británica, Amber Rudd, expresó una queja formal tras destaparse el nombre. Se declaró «irritada» y declaro que «no debe volver a suceder». Pero sus advertencias fueron ignoradas por sus socios. El segundo punto de fricción llegó en la noche del miércoles, cuando «The New York Times» publicó dos fotos de los restos del material empleado en el atentado, una con un fragmento ensangrentado de la metralla de la bomba y otra con un trozo de la mochila donde la llevó el suicida.

Ocho detenidos

Mientras tanto en Mánchester continúan las detenciones y los registros tratando de encontrar la «fábrica de las bombas» y al experto que las prepara. Son ya ocho los detenidos, entre ellos el hermano mayor del suicida y una mujer.

En un registro en el último piso que alquiló Salman Abedi, en la calle Granby Row, que consiguió a través de la página web estadounidense Airbnb y donde permaneció hasta las siete de la tarde en el día del atentado, se han encontrado restos de materiales explosivos. Se cree que la bomba se preparó en dos talleres caseros. En el piso del terrorista se trabajó con la munición, pero el artefacto fue ensamblado en otro domicilio que todavía no se ha encontrado.

La caza del experto en bombas, a contrarreloj y con un enorme despliegue de policías y soldados, mantiene a las fuerzas de seguridad en vilo y es lo que ha llevado al Gobierno a subir la alerta a su nivel máximo, «critica», lo que significa que otro atentado es inminente, algo que por ahora se ha logrado conjurar.

Tras unos días de tregua, vuelve la política. UKIP presenta esta mañana su programa. La formación eurófoba y xenófoba, muy a la baja, buscará aprovechar reflejo anti inmigrantes que suscita un atentado de este tipo. «La sociedad está más dividida que nunca, no está habiendo integración, porque alguna gente está llegando demasiado rápido a este país. No somos racistas, pero el sistema de control de la inmigración no funciona», ha dicho su líder Paul Nuttal, muy cuestionado por la caída libre en que está el partido tras la marcha del carismático Nigel Farage.

Los partidos de más peso retomarán su campaña nacional mañana viernes y hoy vuelven a nivel local.

Abc.es

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